Fallece Paco de Lucía

Puede que la muerte de Paco nos haya pillado un poco en frío. Paco el de Algeciras, el hijo de La Lucía ‘La Portuguesa’, uno de esos artistas reconocidos a nivel mundial que hacen a uno sentirse orgulloso de ser español. Orgulloso de haber nacido en el mismo país que Cervantes, Picasso, Plácido Domingo, Ramón y Cajal, Ferrá Adriá y Rafa Nadal.

Con Don Francisco Sánchez se nos va una de esas personas a las que se valora más fuera que dentro de España, pero aún así. Con Paco de Lucía experimentamos uno de estos fenómenos incomprensibles según el cual todo el mundo conocía, amaba y respetaba su arte. De canis a rockeros. De heavies a poperos. Resulta imposible no quedar hipnotizado por el sonido de una guitarra en sus manos, y si España le debe tanto al Flamenco, el Flamenco a su vez se lo debe a Paco. Por desarrollarlo, por enseñarlo, por difundirlo. Por hacerlo en definitiva un arte.

Sabes de sobra que en sus inicios Paco era la guitarra donde El Camarón era la voz. En sus diez años de colaboración no sólo llevaron el Flamenco más ortodoxo a un nivel mucho más popular, sino que además introdujeron elementos externos (jazz, rock, pop…) que liberaron a este arte de esa especie de hermetismo que sufren las consideraras disciplinas puras. De sonar en tabernas con olor a jamón y fino a llenar los teatros de las grandes capitales: el 8 de febrero de 1975 se convirtió en el primer artista flamenco en tocar en el Teatro Real de Madrid. Meterse en un análisis del Flamenco más puro supondría un suicidio por mi parte, y creo que todos estaremos de acuerdo en que a Paco de Lucía siempre se le asociará mucho más a este vídeo.

Congas y bajo eléctrico acompañando a esas seis cuerdas inmortales. Una melodía inconfundible y una fusión hasta entonces impensable. Un dato: fue Paco de Lucía fue quien introdujo el cajón en el Flamenco. En realidad ese instrumento de percusión es peruano.

En esos finales de los 70s ese acercamiento al jazz llamó la atención a los grandes guitarristas extranjeros, y se produce el contacto con intérpretes de la talla de Carlos Santana, John McLaughlin y Larry Coryell. Surge así un trío con los dos últimos que más tarde sería De Lucía, McLaughlin y DiMeola que supone el tope en cuanto a la guitarra española se refiere, pero que los puristas no ven con buenos ojos. No importa: el paso ya está dado y Paco se convierte en una gran estrella fuera de España. Es el abanderado de la guitarra flamenca y el favorito del público. Aún así, en esta época Paco las pasó canutas por su falta de formación clásica con respecto a sus compañeros, porque aunque parecía que era él quien les estaba enseñando a ellos era al revés.

A raíz de esa sociedad esta promoción por todo el mundo hace que Paco pase a convertirse definitivamente en la referencia flamenca a nivel mundial hasta hoy, el día en que nos deja desde sus queridas tierras mexicanas. Nos deja a todos huérfanos de su arte, pero sobre todo la deja huérfana a ella, esa caja de madera con cuerpo de mujer que nunca volverá a sonar igual. Descanse en Paz Francisco Sánchez Gómez. El de Algeciras. El de La Lucía.

 

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