Sabbath (o) – Sabbath (ete)

A finales de los 60s se seguían organizando excursiones botánicas a San Francisco. Paz, amor, felicidad… The Byrds, Mammas & The Papas, Janis y otros muchos hacían las delicias del personal, al que no te costará visualizar sentado a lo indio en las praderas de Woodstock o Monterrey con expresión orgásmica en sus caras. Entonces el nirvana se alcanzaba yendo hasta arriba de ácido y maría mientras escuchabas a Grateful Dead, aunque si en su lugar pisaba el escenario Ravi Shankar te daba igual, eran tus sueños de colores repletos de florecillas y sólo te importaba volar.

Pero los sueños, sueños son (que dijo aquél), y de ese estado de trance había que despertar de alguna manera. Los médicos dicen que es malo hacerlo de golpe así que nosotros lo hicimos en tres pasos. Primero Jimi Hendrix sacó su fusil (guitarra) y deconstruyó la música como Ferrá Adriá lo hace con las tortillas de patatas. Las ropas, abalorios, el sonido y las portadas de los discos siguen poniendo a Hendrix en una furgo Volkswagen, pero ese cambio sonoro fue más que fundamental para lo que vino después. Acordes, acoples y sonidos hasta entonces impensables, chirriantes, muchas veces disonantes… En este primer paso ya se quedó atrás gente como… ¿Cream?

Segundo paso. Los grandes músicos mientras siguen erre que erre con las florecitas en el pelo empiezan a verse atraídos por el lado oscuro de la fuerza. El ejemplo más claro es Led Zeppelin y su bicefalia. Por un lado la florecilla hecha Dios Dorado. Mientras Plant encarna al hippie modélico, Page se dejaba seducir por los bajos fondos de Crowley y su mundo. Dazed and Confused ya en el primer disco de Zep muestra fragmentos que invitan más a mirar hacia los infiernos que a los cielos.

Ya tenemos la discusión servida. ¿Quién llegó primero? La polémica sigue abierta, pero casi todo el mundo está de acuerdo en que todo comenzó en el mismo corazón de la Gran Bretaña.

Black Sabbath también provenían de Birmingham y con el permiso de Zep, fueron ellos los que obligaron a buscar un nombre para lo que hacían: Heavy Metal. ¡No discutamos! Si me preguntas quién inventó esto yo ya he apostado por Hendrix hace un par de párrafos, pero también podría defender la idea de que la Cabalgata de las Walkyrias de Richard Wagner es más heavy que el viento, así que no nos pongamos muy tontos con esto. Lo que parece claro es que el rollo hippie ya tenía competidor, y los quinceañeros hasta arriba de hormonas ya tenían su banda en cualquiera de estas dos. Ahora los decibelios eran muchos más, y en lugar de estar callado para poder escuchar, sólo había que preocuparse de menear la cabeza y soltar adrenalina en los conciertos. También parece claro que Bill Ward y Geezer Butler formaban una sección rítmica más pesada que la de Zep, la voz y la persona de Ozzy era más oscura que la de Plant y la guitarra de Iommi se dejaba de leches e invocaba directamente al maligno vía tritono.

Siempre hemos oído hablar del acorde del averno. Si a otros les tenías que escuchar al revés, con Black Sabbath no hacía falta joder la aguja del tocadiscos. Basta con escuchar la primera canción del primer disco para ver de qué va a ir la cosa.

¿Te has dado cuenta? ¿La guitarra está desafinada o me lo parece a mí? Volvemos a lo de siempre: siete notas, seis cuerdas e infinitas combinaciones. Pues resulta que el tritono también es conocido como el intervalo del diablo. Tres tonos exactos, lo que para los músicos es una 5ª disminuida, que queda justo al ladito del acorde perfecto de 5ª justa. ¿Casualidad? Este tono no lo descubrió el bueno de Tony, claro. Ya en la Edad Media, cuando la Santa Inquisición partía el bacalao, rápido estipuló que con este diabolus in musica Lucifer se colaba en los temas. Prohibido! A la hoguera! Bueno, está claro que el inicio del vídeo anterior da ganas de ponerse una capucha negra, coger una antorcha y…  

Black Sabbath tenía su sonido definido, y lo que fue igual de importante: su concepto. Desde el nombre sacado de una película de Boris Karloff a la música, la banda tenía la intención de inquietarte, de asustarte, de llevarte con ellos a la boca del lobo para verla por dentro. La era multicolor tenía ya su némesis. Los de la Velvet Underground eran unos auténticos frikis esnobs: el color negro que tanto lo define llegó de verdad al rock con Black Sabbath. Las películas de terror hacen pasar un mal rato que su público disfruta, así que este sonido se integró rápido en la cultura popular musical. Gente como Alice Cooper y KISS también se aplicaron el cuento, y las leyendas negras/urbanas se multiplicaban, y hablamos de algo tan impactante como sangre en un escenario. La música era cojonuda, por supuesto. Pero ¿qué adolescente no se dejó cautivar también por ese toque oscuro?

Me has pillado. Yo sólo quería hablar de Black Sabbath, de Ozzy, de Tony, lamentar que al final no les veremos este año en España… Pero me ha parecido que a una banda tan grande había que hacerla un prólogo.

Hasta la próxima entonces y salud!

 

P.S. Sí, ya lo sé!! Ando un poco oxidado, pero tiempo al tiempo.

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