El Delgado Duque Blanco se echa un bailecito.

El otro día dejamos al Camaleón colgado de mala manera, pero es que es imposible resumir toda su carrera en una sola entrada. De hecho, tan sólo conseguimos llegar a 1975 y justo nos quedamos en el primer número 1 de David en América: Fame (compuesta a medias con John Lennon, insisto), del Young Americans. Por aquel entonces Bowie ya había enterrado a Ziggy Stardust y estaba iniciando la configuración de su nuevo personaje: El Delgado Duque Blanco.

En 1975 Bowie estaba en Los Angeles rodando su primer papel en una película ‘The Man Who Fell The Earth’, y sea por este proyecto, por sus rollos mentales o por no adaptarse en ningún momento a la ciudad, el Camaleón entró en un estado de terror interior. Únicamente consumía pimientos, leche y cocaína. Mucha cocaína. El Delgado Duque Blanco poseyó el cuerpo y la mente de David, completamente emparanoiado con Aleister Crowley, quemando velas negras y creyendo ver cuerpos cayendo a través las ventanas de su casa. Extremadamente delgado y siempre con camisa blanca y chaleco y pantalón negros, pero como resultado de este estado mental llega a nuestras manos una auténtica obra maestra. Station To Station continúa con el funk y soul (siempre a la manera Bowie), y permite la entrada de nuevos sonidos electrónicos procedentes de la Alemania de Kraftwerk y Neu!

A pesar de todo, sexy y con una genial voz. Regaló este Sister Midnight a su gran amigo Iggy Pop para el disco que le produjo y compuso (The Idiot, 1977), aunque posteriormente la grabaría él mismo para su Lodger (1979). Station To Station también era una transición, en este caso hacia la (una vez más, genial) trilogía berlinesa de Bowie. Low, “Heroes” y Lodger fueron concebidos (no grabados) por Brian Eno y David Bowie cuando el último compartía piso con Iggy en Berlín Occidental. El Delgado Duque Blanco ya se las había pirado.

Personalmente, Low es uno de los discos que más me ha descolocado e impresionado. Para muchos es un truño electrónico, pero en él David Bowie muestra lo que es capaz de hacer y los terrenos que es capaz de explorar. Con éxito. Siempre con éxito. Normalmente se cuelga la medalla a Brian Eno debido a su conocida labor de productor en otras ocasiones, pero la trilogía está producida al completo por Bowie junto a Tony Visconti. De nuevo otra obra maestra. Puede decirse que su descenso personal a los infiernos supuso el ascenso a los cielos de la creatividad, porque con la calidad de estos trabajos David impresionó al mundo, se metió en el bolsillo a la crítica y en resumidas cuentas, reunió los requisitos necesarios para afrontar su siguiente evolución. De los 70s a los 80s. De súper-estrella a mega-estrella.

En 1980 se publica Scary Monsters (and Super Creeps), que cambia el paso y antepone el sentido comercial a la creación libre. De nuevo un genial álbum que también incluía un single de éxito como ‘Ashes To Ashes’ y colocaba a Bowie en muy buena posición en la parrilla de salida de la década que justo acaba de comenzar. Encima, para rizar el rizo y continuando con sus pinitos como actor, interpreta con éxito ‘El Hombre Elefante’ en Broadway. Bowie tiene ya a todo el mundo pendiente de su próximo trabajo, sea musical, cinematográfico, teatral… El tío lo hace todo bien. El público le considera ‘el artista total’. Todo lo que haga es de interés general.

Su unión con Queen en 1981 para la grabación de Under Pressure es una de las mejores colaboraciones entre artistas que se recuerda. Hace un cameo y pone gran parte de la música en la durísima película Christiane F. Interpreta el personaje principal en la obra televisiva de la BBC Baal… Pero es en 1983 cuando vuelve a sorprender y agradar al mundo entero. Los 80s es la década del pop. Llegan las hombreras, el vinilo y David Bowie decide que es hora de salir a la pista y echarse un bailecito, y va y saca el que probablemente sea el disco que mejor define esta década.

Let’s Dance es el disco por antonomasia de David Bowie. Siempre me ha cautivado la forma en que pegó un puñetazo en la mesa y enseñó a todo el mundo cómo se hacía un disco de baile. “Ya habéis visto de lo que soy capaz, pero ahora os voy a hacer bailar”. La crítica no lo recibió con los brazos abiertos, pero el público lo convirtió en su banda sonora. Si tratas de ilustrar con canciones la historia de la música por décadas en los 50s pondrás probablemente una de Elvis, en los 60s clavarás una de los primeros Beatles, en los 70s a saber (hay tantos…), pero al llegar a los 80s te viene Let’s Dance. La ecualización de la batería, los teclados, los ecos de la voz, el saxofón… ¿Sabías que el guitarrista principal de este disco es Stevie Ray Vaughan? Una auténtica lección de producción (Bowie/Nile Rogers de Chic) que siempre me ha molado. Y siempre ha sido la siguiente canción la que me ha vuelto loco.

De nuevo lo tenemos que dejar aquí. Cerraremos la trilogía en la siguiente entrada, pero es que este tío no deja de conquistarme una y otra vez cuanto más voy descubriendo de él. Su música es absolutamente inigualable, así como su vista del negocio, su capacidad de adaptación a los tiempos, su continua evolución, su forma de adelantarse siempre unos años a los demás… En fin.

Que salud, oye.

Una respuesta to “El Delgado Duque Blanco se echa un bailecito.”

  1. Que tal,
    Es verdaԁ que es la unica ocasion qսe he entrado este sitio у tengo que ϲоomentar que no estɑ mal ƴ
    seguramente vendre mas freccuentemente por estos lares.
    Saludos!

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