George Harrison: Living in the Material World

George Harrison: Living in the Material World PosterDefinitivamente, Martin Scorsese se ha erigido como el biógrafo cinematográfico del rock. The Last Waltz, Feel Like Going Home, No Direction Home: Bob Dylan, Shine a Light… El turno es ahora para el esperadísimo y muy celebrado George Harrison: Living in the Material World. La primera pregunta que nos podemos hacer es ¿Por qué George? Centrarse en sólo uno de los fab four que además no sea ni John ni Sir Paul. ¿Por qué? Tres horas y media después se entiende el porqué.

Tres horas y media, sí. Y podrían haber sido perfectamente seis. ¡¡O catorce!! La dificultad es intentar resumir una vida, y más una vida como la de George, más que un Beatle… Hagamos una fácil resta: Harrison murió en 2001; The Beatles se separaron en 1970; nos quedan 31 años no menos intensos, y eso Scorsese lo sabe. El paso de George por la banda ocupa un tercio de la película.

Impagable es la escena inicial de George (Paul también en plano) firmando los papeles de la disolución oficial de la sociedad The Beatles en 1975, para inmediatamente después sumergirnos en la primera época de la mejor banda de todos los tiempos, cuando aún eran unos desconocidos. En Hamburgo. Son las voces de Klaus Voormann y la guapísima Astrid Kirchherr las que llevan el peso del relato de esta primera época. Cómo eran antes de la fama, cuánto les golpeó la prematura muerte de su compañero y amigo Stuart Sutcliffe, la personalidad de los tres (Ringo aún no) antes de ser las estrellas que fueron.

Living in the Material World es una avalancha de vivencias, declaraciones, confesiones… Una sobredosis de George Harrison salpicada con la mejor música de un genio cuyas composiciones no solían encajar en los Beatles. A pesar de eso no hay bombardeo de fechas y lugares como en otros rockumentales. La acción salta de un lado a otro y nos centramos en la personalidad de George. LSD, Ravi Shankar, Patty Boyd, Eric Clapton… No se escuchan sentencias como ‘Me cansé de los Beatles porque…’, ‘Conocí a Patty en tal sitio y me enamoré de ella por…’

De su paso por los Beatles me quedo con su estrecha relación con Ringo y la siempre latente relación con John. Con un concepto de banda tan definido y compacto que sus canciones (Something, Here Comes the Sun, While my Guitar…) a duras penas tenían cabida. Ese fragmento en el que Paul y él discuten sobre cómo ha de ser ese punteo de guitarra… Y las cartas que escribió a su madre durante esos años, leídas por su hijo Dhani (un calco de George).

Juega especial importancia, por supuesto, ese misticismo indio al que se ligó desde bien pronto. ¿Experimentación? ¿Ida de olla? Parece que lo único que hacía era buscarse a sí mismo, como el resto de nosotros. Y parece que en verdad, se encontró. Su vida en el retiro de la espectacular villa Friar Park, donde era feliz manteniendo él mismo el inmenso jardín, enredando en su propio estudio y ¡qué demonios!, pasando el rato con su familia.

Aún dudo si la división en dos partes se debe a la estructura del documento en sí o únicamente a la permisión de un descanso para estirar las piernas y dar unas caladas rápidas, pero los siguientes 114 minutos se hacen mucho más llevaderos. Bien sea por ese George mucho más abierto, implicado en la causa para dar el primer gran concierto benéfico de la historia, chistoso a la inconfundible manera inglesa (‘Anda, Paul! Menuda chupa vegetariana que llevas!), amigo y fan de los Monty Phyton hasta el punto de poner en la mesa los 4.000.000$ para llevar a cabo La Vida de Brian (la entrada de cine más cara de la historia), o quizás por la aparición de ella: Olivia Harrison.

Patty Boyd, Eric Clapton, Terry Gillian, Eric Idle, Yoko Ono, Phil Spector, Tom Petty… Numerosas apariciones de peso, pero ninguna como la de ella, que llega incluso a eclipsar a su difunto esposo. Ella fue la que buscó a Scorsese para este documental, y suyo es el momento álgido con el sobrecogedor relato del intento de asesinato de George en su propia casa. O con su peculiar opinión sobre el matrimonio (…).

Mi sensación: me gustan los Beatles, pero no soy un beatlemaníaco. En algunos pasajes me encontré completamente perdido. Tres horas y media contienen una cantidad de datos imposible de asimilar a la primera (faltan muchas cosas, por supuesto!), pero casi al final, todo ese batiburrillo tomó sentido. Entonces llegué a comprender lo que tenía ante mis ojos. A la persona y no al personaje. Un tipo con las ideas claras, que a pesar de vivir en una mansión, huía de los placeres materiales. Y sobre todo, un genio.

Acertadísima la elección de canciones (como siempre) pero ¡Martin! ¡Dejalas enteras, hombre! ¿Que entonces esto dura 5 horas? ¡Pues mejor! No me las cortes de mala manera! Eso es pecado.

Y le dejo para el final: Ringo Starr… Genial, sincero, gracioso, entrañable… Es el único que suelta la lágrima acordándose de su amigo, y lo hace de corazón.

Una vida en 200 minutos y 200 minutos en 1.000 palabras. Pobre George. A este paso va a acabar reducido a un tweet…

Necesario. Esperando al DVD.

Salud.

P.s. Predominanba la gente que pasaba de la cincuentena, pero mención especial al par de quinceañeros de mi derecha, que se tragaron el docu con toda su atención. Aún hay esperanza.

Ah! Y un cero patatero a los subtítulos.

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